12/07/2007
Presentación
Informe eEspaña 2007
Discurso del Director General
de la Fundación Orange
Sr. Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Presidente de la Fundación Orange, Consejero Delegado de Orange, queridos amigos:
Quiero en primer lugar agradecer su asistencia al acto de presentación del séptimo informe sobre el desarrollo de la Sociedad de la Información en España que publica la Fundación Orange. Ya que he empezado por los agradecimientos, desearía hacer estos extensibles a todos los que han colaborado en su elaboración, amigos que cada vez son más y que están haciendo de este Informe casi una publicación 2.0. Debo iniciar el reconocimiento con el debido por méritos propios al Grupo de Investigación de la Producción y las Tecnologías de la Información de la Facultad de Económicas de la Universidad Complutense de Madrid, dirigido y coordinado por José Ignacio López Sánchez y Francesco Sandulli; a Capgemini por aceptar el reto que les propusimos y, además, hacerlo con entusiasmo, a Everis, a la Universidad Rey Juan Carlos, a la Fundación Cibervoluntarios, a Antonio Fumero, a Luz Usamentiaga, por supuesto a José Manuel Cerezo, alma durante un buen tiempo de este informe, y, siempre, gracias por su esfuerzo al equipo de la Fundación Orange.
Siete años elaborando el eEspaña nos obligan a esforzarnos cada año en ofrecerles a todos ustedes algo nuevo que se diferencie de los puntos habitualmente tratados. Quienes hayan tenido la santa paciencia de seguirnos desde el año 2001 habrán podido percatarse de que junto a asuntos inamovibles, el índice del Informe ha ido modificándose, tal y como comentaba nuestro Presidente, según el devenir de los años y los sucesos que transformaban el tema de análisis. Hemos sido los primeros en abordar en profundidad el análisis de las páginas web de las principales ciudades españolas, hemos tratado la evolución de la Administración electrónica, hasta nos hemos atrevido a profundizar en el estado virtual del flamenco y en el de los clubes de fútbol de Primera División. En el ejemplar que tienen entre sus manos encontrarán acercamientos al creciente peso de la publicidad interactiva a la hora de financiar los modelos de negocio ligados a Internet, a la experiencia del cibervoluntariado y a la eInclusión. Además, este año, conocedores como somos de la importancia que este Informe ha adquirido como herramienta de estudio, hemos querido profundizar junto a nuestros compañeros de la Universidad Complutense en el apartado más analítico del mismo, con incorporaciones relativas al uso de coeficientes de correlación y del Índice de Gini, lo que nos ha permitido establecer una serie de relaciones entre determinadas variables que abundan en la conexión existente entre el uso de las TIC, el PIB y la distribución de la riqueza.
Pero no se acaban ahí las novedades. En el inicial apartado de agradecimientos citaba a Capgemini. Lo hacía porque hemos puesto de forma conjunta los cimientos de la forma en la que desde hoy debe medirse el estado de la eAdministración en nuestras Comunidades Autónomas. Tomando como base el trabajo de esa empresa en el ámbito europeo, hemos elaborado el más profundo trabajo de campo llevado a cabo en nuestro país sobre la situación real de ese espacio. Y digo real porque se han visitado una por una más de 2.000 URLs para conocer el verdadero alcance de las posibilidades de llevar a cabo transacciones electrónicas y hasta dónde llegan las mismas. Les adelanto algunos datos: se han analizado 26 servicios (16 dirigidos a ciudadanos y 10 a empresas) y la media total de disponibilidad se sitúa en el 54%, alcanzando mejores resultados los relativos a ciudadanos, al contrario, por cierto, de lo que muestran los estudios elaborados con respecto a los Gobiernos Centrales. Donde no hay diferencia es en la tendencia a desarrollar con más prontitud los dirigidos a recaudar que los que lo están a abonar. Asimismo, resulta preciso llamar la atención sobre el escaso tratamiento dispensado a colectivos específicos, como pueden ser las personas con discapacidad. No me gustaría cerrar esta referencia sin recordar que los resultados del estudio se cerraron el último día del mes de enero del presente año, lo que significa que es más que posible que algunas de las posiciones señaladas en el mismo hayan sido ya mejoradas. Ese es, desde luego, nuestro deseo. Por cierto, a esa fecha, el Principado de Asturias, que acababa de llevar a cabo una profunda reestructuración de sus servicios electrónicos, lideraba el panorama autonómico.
Estos siete años obligan, también, a tener ya dibujado el mapa de la Sociedad de la Información en España. Un mapa en el que, tradicionalmente, han venido alternándose las luces con las sombras, si bien dentro de un marco de crecimiento continuado que, eso sí, a algunos nos puede parecer escaso. Si echamos la vista atrás, y no necesariamente muy atrás, podremos observar que los crecimientos acumulados presentan cifras relevantes, que deben ser matizadas si se tienen en cuenta los dígitos de partida. Ese mapa arrastra algunas de las debilidades estructurales que tenemos como país a la hora de afrontar el reto de la Sociedad de la Información: el envejecimiento de la población, la escasa formación en TIC, el tamaño de la mayoría de nuestras empresas, la insuficiente inversión en investigación y desarrollo o la exigua transferencia de conocimiento entre universidad y empresa son algunas de las debilidades que vienen lastrando nuestra situación como país cuando de hablar de rankings se trata.
En el otro lado de la balanza, el contrastable éxito del sector de las telecomunicaciones se debe probablemente a la voluntad de atender los deseos de los usuarios, la mejor garantía de conseguirlo, por otro lado. En telefonía móvil se ha conseguido que seamos líderes en calidad y cobertura, mientras que las elevadas tasas de portabilidad demuestran el alto grado de competencia alcanzado. Los potentes incrementos en el uso de banda ancha (más del 60% de los actuales usuarios lo eran de banda estrecha hace tan sólo dos años) tienen relación directa con esos deseos: acceder a ingentes cantidades de información y servicios y hacerlo con rapidez de descarga. Hechos estos que alertan sobre las necesidades futuras y cómo estas deberían ser satisfechas. Posiblemente la red existente sobre par de cobre no alcance más que en un pequeño porcentaje a proporcionar las altas velocidades de conexión demandadas en un futuro no lejano, lo que hará necesario que el volumen de inversión de las operadoras se mantenga en niveles altos, porque, aunque no me atrevería a calificar a la banda ancha como motor de la Sociedad de la Información, seguro que no me equivoco si la califico como dinamizadora de la misma, habilitadora de proyectos y soporte de negocios electrónicos, máxime cuando las diferencias van a estar cada vez más en los contenidos, ante la que parece inevitable, perdonen la palabra, comoditización de las tecnologías. Y para cerrar la referencia la banda ancha, significar el reto que supone el poder ofertar Internet sin límites al creciente colectivo compuesto por los hogares que sólo disponen de telefonía móvil.
Hacía mención hace unos instantes a la necesaria inversión que deben afrontar las operadoras de telecomunicaciones, y es preciso situar ese esfuerzo en un escenario concreto. Un escenario que presenta variables como un alto grado de competencia, incrementada en el sector móvil con la entrada en escena de los operadores móviles virtuales, una alta presión fiscal y la existencia de barreras al despliegue de infraestructuras. Demasiadas dudas ante una situación, además, de encarecimiento paulatino del dinero con que financiar esas, por otro lado necesarias, inversiones.
Otro ámbito de preocupación parcial sería el uso que nuestras empresas, especialmente las pequeñas y medianas, hacen de las TIC. Según Gartner, el 80% de los procesos de negocio en Estados Unidos funcionan con base en esas tecnologías, mientras que en España lo hace sólo el 25%. Nada más lejos de mi intención que comparar estos dos países, si bien constatar la abismal diferencia sirve, sobre todo, para ayudar a entender la diferente concepción del negocio existente, algo que sí puede ya ser comparable. Y el caso es que las PYMEs están, de forma general, suficientemente informatizadas, lo que supone una situación de partida positiva para que acepten el uso de aplicaciones que de verdad les supongan una gestión más eficaz y eficiente y utilicen herramientas que influyan positivamente en la generación de valor añadido. Una vez más toca acercarse a las necesidades reales de esas empresas y, conocidos sus problemas y sus necesidades, sugerir propuestas de valor fácilmente asimilables. Y hablo tanto de aplicaciones sobre movilidad, como de mensajería instantánea que mejore la comunicación interna, como de sistemas de gestión más sofisticados, como de hacer un mejor uso de la página web, de forma especial en lo relativo al comercio electrónico, uno de los asuntos donde estamos especialmente atrasados y, quizá, el de más difícil consecución dentro de los objetivos fijados para ese cercano horizonte que es el año 2010.
Situados como estamos en el ámbito empresarial, dediquemos unos segundos a regocijarnos con la dinámica imagen que ofrece el denominado macrosector TIC con un crecimiento de dos dígitos. A ello se une el decidido impulso que el macrosector ha conferido a la I+D+i nacional en el último año, hasta suponer alrededor de la tercera parte del total. Por otro lado, el déficit comercial del sector sigue siendo muy importante y su peso en el valor de la producción o el valor añadido bruto a coste de los factores está lejos de los países que deben servirnos como referencia. Bueno sería, además de sostener las tasas de crecimiento que le asegurarían mantener el buen estado de salud, profundizar en el desarrollo de conocimiento propio, plasmarlo en patentes y aprovechar de una vez por todas el trabajo de los centros públicos de investigación, orientándolo a las necesidades de las empresas y adecuando su estructuras organizativas de forma que permitan esa transferencia.
Un ámbito del que podemos sentirnos orgullosos, y está estrechamente relacionado con los accesos a través de banda ancha, es el liderazgo español en el uso de aplicaciones Web 2.0, fenómeno que no parece tener techo si consideramos, por ejemplo, que prácticamente el 80% de los blogueros españoles lleva menos de dos años escribiendo su bitácora, lo que da idea tanto de su novedad como de su empuje, pues suponen ya el 13% de los internautas habituales. La mensajería instantánea, a la que podríamos considerar como el paso evolutivo precedente a la web social, alcanza nada menos que al 80% de los usuarios, con un alto porcentaje a su vez de accesos habituales, pues casi la cuarta parte lo hace a diario. Por cierto, también en cuanto al número de países con presencia en Second Life ocupamos un mejor puesto que en otros indicadores (si a este se le puede tener por tal): somos los octavos.
Y bien, tras todo esto que de manera sucinta les he contado se preguntarán dónde se ubica España en el contexto mundial cuando de la Sociedad de la Información hablamos. Los indicadores sintéticos más renombrados, así como el elaborado directamente para esta publicación, coinciden a grandes rasgos. Los avances en los distintos apartados que componen los índices no nos permiten mejorar en las distintas clasificaciones. Incluso descendemos algún puesto. Ahora bien, los índices sintéticos tienen dos problemas: son índices y son sintéticos. Un índice es una catalogación en base a indicios. Lo sintético supone que se compone, que se pasa de las partes al todo. Y nos podríamos preguntar si ese todo es realmente fiel reflejo de la realidad, si todo es sintetizable y si todo lo sintetizable está sintetizado. Pero no quiero que se lleven la impresión de que un juego de palabras pretende evitar el fondo de la cuestión. No estamos bien, pero a buen seguro los índices, a fuerza de sintetizar, no consideran alguna variable, como el simple tamaño del país, que atemperaría los resultados finales, que, insisto, son claramente mejorables. Y son mejorables porque no nos acercamos a los líderes y nos sobrepasan países de escaso peso económico, pero también es cierto que recortamos distancias con, por ejemplo, Reino Unido y Alemania, de hecho con el primero de forma importante, o que superamos a Italia.
Y uno de los argumentos en los que basar esta mejoría debe ser la acción pública, ejemplificada en el denominado Plan Avanza. Se trata de la mayor apuesta con apoyo presupuestario jamás llevada a cabo en nuestro país y es obligado saludarla con alborozo. El año 2006 se ha cerrado con una ejecución del presupuesto prácticamente total y con un importe que, sumadas las aportaciones del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, directamente o a través de Red.es, de las Comunidades Autónomas, Entidades Locales y otras instituciones, se acerca a los 1.550 millones de euros. Se dirige a aquellos aspectos sobre los que existe acuerdo acerca de la necesidad de mejorar su evolución: impulso a la ciudadanía digital, a la economía digital (con especial énfasis en las PYMEs), al desarrollo de los servicios públicos digitales o a aspectos claves como contenidos o seguridad. Y su continuidad hasta el año 2010 se torna en necesaria cuando comprobamos las posibilidades de cumplir en ese año los objetivos marcados en la Agenda de Lisboa. El estudio que hemos llevado a cabo para este Informe nos ofrece un resultado preocupante. Con las tendencias de crecimiento actuales no se alcanzarían ocho de los quince objetivos propuestos. Insisto en que son tendencias basadas en los datos de los últimos años, lo que permite albergar la esperanza de que las medidas tomadas y puestas en práctica (de alguna de las cuales sólo se notarán sus efectos en el medio plazo, como ya se ha mencionado previamente) servirán para quebrar esas tendencias. Para ello será preciso continuar esta política con dotación presupuestaria garantizada, lograr la implicación de todos los agentes sociales y llevar de forma efectiva hasta el sistema productivo los resultados de los proyectos. Es decir, que las medidas sean consistentes con los objetivos y continuadas en el tiempo. Si sostenibilidad es una de las palabras de moda, pidamos sostenibilidad en el esfuerzo público y en el esfuerzo privado con el foco de ambos tanto en lo que ciudadanos, usuarios, empresas e instituciones desean conseguir de la Sociedad de la Información, como en la apertura a esos colectivos de nuevas puertas que la ensanchen.
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