<%@LANGUAGE="VBSCRIPT" CODEPAGE="1252"%> Observatorio de la SI

 

La Nueva Geografía de la Sociedad de la Información.
Andrés Font

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Oxfordshire: el ‘silicon valley’europeo

En los años 60, Oxfordshire era simplemente una región tranquila y poco poblada del Sudeste de Inglaterra. Su institución más emblemática era, sin ninguna duda, su Universidad. Su economía se basaba principalmente en la agricultura, la fabricación de cerveza y en la industria del motor. Cuarenta años más tarde, la misma región es uno de los centros ‘high tech’ más importantes de Europa y, además, sigue contando con una significativa industria automovilística: es donde se fabrica el ‘mini’.


El punto de inflexión

Aunque los fundamentos se establecieron en los años 60 con la creación por el gobierno central de la ‘National Research and Development Commission’, que pretendía incentivar la capacidad científica y tecnológica a escala nacional, fue la crisis de los años 80, con un alto índice de desempleo, lo que estimuló en concreto al condado de Oxfordshire a buscar nuevas vías de crecimiento centradas en sectores ‘high tech’.

A partir de ahí, y aprovechando la ‘calidad de vida’ de la zona en comparación con Londres, se decidió impulsar el resto de elementos que componen un ‘cluster de innovación’: desarrollo de un parque científico, disponibilidad de capital semilla, incubación de empresas, transferencia de tecnología, etc.
Principalmente, este proceso fue posible gracias a la iniciativa y esfuerzo de una serie de ‘visionarios’ y ‘emprendedores’ como Martin y Audrey Wood creadores de Oxford Instruments (empresa que produce instrumentación para fines médicos) o de Mike O´Regan de la empresa RM, que suministra TIC (Tecnologías de la Información y las Comunicaciones) para los colegios.

Curiosamente, ni las autoridades locales ni la propia Universidad de Oxford se sumaron inicialmente a este esfuerzo. Posteriormente, el sector público se involucró, actuando principalmente a través de la planificación urbanística y de la creación de la SEDA (South East Development Agency) con la misión de dirigir estratégicamente todo el proceso; así como la propia Universidad, reconociendo la oportunidad que se le presentaba, a través del modelo anticipado por la de Cambridge, decidió desarrollar un parque científico.
Casos como el de la Universidad de Oxford o Cambridge muestran la importancia que una universidad puede tener en un desarrollo económico basado en actividades ‘high tech’, y en la difusión de un clima ‘emprendedor’ a nivel regional.


El espíritu emprendedor de Oxfordshire

Uno de los rasgos diferenciales de Oxfordshire, por lo que ha sido denominado el ‘Silicon Va-lley europeo’, es precisamente el espíritu emprendedor, lo que le ha llevado a convertirse en una especie de ‘macroincubadora’ de empresas, y en la que sus universidades han alcanzado el reconocimiento de ser consideradas las más emprendedoras del Reino Unido, lo que resulta especialmente meritorio en un país en el cual durante el periodo 2000-2001, hubo 248 ‘spin-offs’ universitarias.
‘ Oxfordshire high tech’

En la actualidad, los principales sectores que componen la economía ‘high tech’ de Oxfordshire son:

· Tecnologías de la información
· Software
· Multimedia
· Biotecnología
· Médico / Sanitario
· Ingeniería

Y en relación a su importancia para el conjunto de la economía del condado, baste resaltar los siguientes datos:

· Existen actualmente unas 1.400 empresas en la región que proporcionan en torno a 37.000 empleos (un 12% del total).
· La mayoría son pequeñas (un 66% tienen 10 o menos empleados).
· En torno al 70% han sido creadas a partir de 1990.
· Sólo un 7% son extranjeras.


Los retos de futuro

Oxfordshire se ha consolidado como una de las regiones líderes de Europa en la economía ‘high tech’. Pero precisamente esta misma posición le obliga a tener que enfrentarse con los retos que genera el éxito y que son similares a los del Silicon Valley californiano: el déficit de infraestructuras y la congestión, y que deberá resolver satisfactoriamente si quiere mantenerse, a largo plazo, en su privilegiada posición competitiva.

Por último, le queda afrontar lo que posiblemente es su reto más complicado: decidir su posicionamiento estratégico. Es decir, si continúa como región emprendedora de pequeñas empresas endógenas, o se convierte en un polo de atracción de actividades a escala global.