Oxfordshire:
el ‘silicon
valley’europeo
En los años 60,
Oxfordshire era simplemente una región tranquila y poco poblada
del Sudeste de Inglaterra. Su institución más emblemática
era, sin ninguna duda, su Universidad. Su economía se basaba principalmente
en la agricultura, la fabricación de cerveza y en la industria
del motor. Cuarenta años más tarde, la misma región
es uno de los centros ‘high tech’ más importantes
de Europa y, además, sigue contando con una significativa industria
automovilística: es donde se fabrica el ‘mini’.
El punto de inflexión
Aunque los fundamentos se establecieron en
los años 60 con la
creación por el gobierno central de la ‘National Research
and Development Commission’, que pretendía incentivar la
capacidad científica y tecnológica a escala nacional, fue
la crisis de los años 80, con un alto índice de desempleo,
lo que estimuló en concreto al condado de Oxfordshire a buscar
nuevas vías de crecimiento centradas en sectores ‘high tech’.

A partir de ahí, y aprovechando la ‘calidad de vida’ de
la zona en comparación con Londres, se decidió impulsar
el resto de elementos que componen un ‘cluster de innovación’:
desarrollo de un parque científico, disponibilidad de capital
semilla, incubación de empresas, transferencia de tecnología,
etc.
Principalmente, este proceso fue posible gracias a la iniciativa y esfuerzo
de una serie de ‘visionarios’ y ‘emprendedores’ como
Martin y Audrey Wood creadores de Oxford Instruments (empresa que produce
instrumentación para fines médicos) o de Mike O´Regan
de la empresa RM, que suministra TIC (Tecnologías de la Información
y las Comunicaciones) para los colegios.
Curiosamente, ni las autoridades locales
ni la propia Universidad de Oxford se sumaron inicialmente a este esfuerzo.
Posteriormente, el sector
público se involucró, actuando principalmente a través
de la planificación urbanística y de la creación
de la SEDA (South East Development Agency) con la misión de dirigir
estratégicamente todo el proceso; así como la propia Universidad,
reconociendo la oportunidad que se le presentaba, a través del
modelo anticipado por la de Cambridge, decidió desarrollar un
parque científico.
Casos como el de la Universidad de Oxford o Cambridge muestran la importancia
que una universidad puede tener en un desarrollo económico basado
en actividades ‘high tech’, y en la difusión de un
clima ‘emprendedor’ a nivel regional.
El espíritu emprendedor de Oxfordshire
Uno de los rasgos diferenciales de Oxfordshire,
por lo que ha sido denominado el ‘Silicon Va-lley europeo’, es precisamente el espíritu
emprendedor, lo que le ha llevado a convertirse en una especie de ‘macroincubadora’ de
empresas, y en la que sus universidades han alcanzado el reconocimiento
de ser consideradas las más emprendedoras del Reino Unido, lo
que resulta especialmente meritorio en un país en el cual durante
el periodo 2000-2001, hubo 248 ‘spin-offs’ universitarias.
‘ Oxfordshire high tech’
 En la actualidad, los principales sectores
que componen la economía ‘high
tech’ de Oxfordshire son:
· Tecnologías de la información
· Software
· Multimedia
·
Biotecnología
·
Médico / Sanitario
·
Ingeniería
Y en relación a su importancia para el conjunto de la economía
del condado, baste resaltar los siguientes datos:
· Existen actualmente unas 1.400 empresas en la región
que proporcionan en torno a 37.000 empleos (un 12% del total).
·
La mayoría son pequeñas (un 66% tienen 10 o menos empleados).
· En torno al 70% han sido creadas a partir de 1990.
·
Sólo un 7% son extranjeras.
Los retos de futuro
Oxfordshire se ha consolidado como una de
las regiones líderes
de Europa en la economía ‘high tech’. Pero precisamente
esta misma posición le obliga a tener que enfrentarse con los
retos que genera el éxito y que son similares a los del Silicon
Valley californiano: el déficit de infraestructuras y la congestión,
y que deberá resolver satisfactoriamente si quiere mantenerse,
a largo plazo, en su privilegiada posición competitiva.
Por último, le queda afrontar lo que
posiblemente es su reto más complicado: decidir su posicionamiento
estratégico.
Es decir, si continúa como región emprendedora de pequeñas
empresas endógenas, o se convierte en un polo de atracción
de actividades a escala global. |