Israel como potencia
tecnológica
Israel constituye uno de los ejemplos más
claros de lo que podría denominarse geografía ‘del
éxito’. En un hipotético ranking mundial de las áreas
high tech más importantes del mundo Israel estaría
situado, sin duda, en una posición de vanguardia, a la altura de
Boston, y sería superado únicamente por el Silicon Valley.
El punto de inflexión de su desarrollo tecnológico
lo constituye, existe unanimidad al respecto, el embargo a la venta de
armamento impuesto de forma totalmente inesperada por Francia después
de la ‘Guerra de los Seis Días’ en 1967. Como consecuencia,
el Gobierno israelí adoptó la decisión de potenciar
al máximo su propia industria militar, y tomó la decisión
de apostar por su superioridad tecnológica en relación a
sus países vecinos como elemento esencial de su estrategia de defensa.
A partir de este momento, aprovechando el éxito de esta política
que llevó al sector de tecnología militar a convertirse
en el principal exportador, decidió desarrollar progresivamente
nuevas aplicaciones civiles a este know-how militar, hasta convertirse
en la actualidad en uno de los países tecnológicamente más
avanzados.
El ‘cluster’ de las TIC
Los principales ámbitos tecnológicos
de Israel son los que componen el sector de Tecnologías de la Información
y de la Comunicación (TIC) Este ‘cluster’ TIC estaría
acompañado por otros ámbitos tecnológicos que, aún
sin formar un cluster en sentido estricto, sí dan una idea de la
capacidad tecnológica desarrollada por este país.
Andres Font
Para ilustrar la importancia del ‘cluster’
TIC en la economía de Israel, basta señalar que representa
aproximadamente el 35% del total de exportaciones del país (a principios
de los años 80 las exportaciones más importantes eran las
naranjas y la talla de diamantes...) Este ‘cluster’ está
soportado por el hecho de que Israel tiene la cuota de científicos
por cada 10.000 trabajadores más alta de la OCDE, tal como pone
de manifiesto la siguiente tabla:
A.
Font a partir de IMIT
La importancia del ‘networking’
Una de las razones por las que resulta especialmente
interesante analizar el caso israelí es que se ajusta muy bien
al concepto de ‘cluster’ en sus dimensiones de concentración
espacial e interacción personal. En el siguiente mapa pueden observarse
sus tres polos principales: Tel Aviv, Haifa y Jerusalén sobre los
que se articula espacialmente la innovación en Israel, apoyados
en centros educativos y tecnológicos de prestigio internacional
como son: la Universidad de Tel Aviv, la Universidad Hebrea de Jerusalén,
el Instituto Tecnológico Technion en Haifa y el Instituto Weizmann
en Rehovot (cerca de Tel Aviv).

Estos elementos estructurales del ‘cluster’
están, a su vez, complementados por networks de interacción
personal (no hay que olvidar que Israel es un país relativamente
pequeño, con unos 6 millones de habitantes) que se establecen fundamentalmente
en el servicio militar, obligatorio para la mayoría de la población
y que dura tres años para los hombres y uno para las mujeres, y
que posteriormente se refuerzan en las universidades.
Otro aspecto interesante lo constituye el hecho
de que más de 500.000 israelíes residen en los EEUU, lo
que a pesar de constituir una ‘pérdida de cerebros’
ofrece, en compensación, la ventaja de servir de vínculo
(para marketing, know-how, inversiones, etc.) entre las empresas
de aquel país y el principal mercado tecnológico del mudo,
el norteamericano. Un ejemplo en este sentido lo constituye el BIRD (Israel-US
Binational Industrial Research and Development Foundation) que promueve
la cooperación entre empresas de los dos países para desarrollar
conjuntamente actividades de I+D.
El ‘secreto’ de Israel
Si hubiera que elegir una clave para explicar el
éxito de Israel al convertirse en una potencia tecnológica
cabrían pocas dudas de que ésta ha sido la extraordinaria
cualificación de sus recursos humanos. Cualificación que
evidentemente obedece a acciones e instituciones concretas: desde el magnífico
nivel de sus centros universitarios y tecnológicos hasta la política
educativa de conseguir que la mayoría de la población entienda
y hable inglés, pasando por un sistema de incubación de
startups que se ha convertido en referente mundial.
Un factor que en la última década
ha resultado especialmente relevante ha sido la emigración a Israel
de muchos judíos desde la antigua Unión Soviética,
una parte considerable de los cuales eran científicos, lo que indudablemente
ha ayudado a potenciar el ya de por sí cualificado ‘stock’
de capital humano.
Andres
Font
A modo de conclusión, la principal
lección que Israel nos enseña es cómo puede desarrollarse,
a partir de condiciones especialmente precarias, un ‘cluster’
tecnológico fundamentado principalmente en unos recursos humanos
cualificados, principal activo del país. Además, ha demostrado
cómo se puede hacer evolucionar este ‘cluster’, en
función de las necesidades y oportunidades que van surgiendo, hasta
convertirlo en referente mundial.
En definitiva, si hubiera que sintetizar el
‘secreto’ de Israel, se podría decir que es el de saber
hacer siempre de la necesidad virtud.
|